| La Historia de la Villa se remonta
al año 1154, en el que el geógrafo árabe
Al-Hidrissi la denonima Hissan o Lymbraya, que significa “Barranco
de los Espectros”, en referencia a la situación
estratégica de la Villa, junto a un profundo corte
en el terreno que constituía una segura defensa por
las vertientes oeste y sur, hasta el punto de que las viviendas
asomaban sus luces a este cauce seco, solamente cruzado por
el agua en épocas de precipitaciones lluviosas.
Son muy pocas las noticias que tenemos de ella hasta el
año 1243. A principios de este año llega a Murcia
Alfonso X, acompañado de Pelay Peres de Correa, entregándole
el rey moro Ibn Hud la ciudad y el reino.
En tiempos de Alfonso XI, D. Juan Manuel, hijo del Infante
D. Manuel y adelantado del rey de Castilla en el Reino de
Murcia, hereda este lugar dentro de los señoríos
que pertenecían a su padre en el Reino de Murcia.
Más tarde pasa la Villa al Concejo Murciano, pues
el 29 de diciembre del mencionado año el monarca escribe
desde Valladolid, haciendo la donación de Librilla,
junto con todos sus términos y pertenencias, por todos
los servicios prestados. Pero no duraría mucho tiempo
la Villa en poder del Concejo Murciano, ya que 4 de junio
de 1337 escribe el rey desde Mérida ordenando al Concejo
de Murcia, Alcalde y Alguaciles que habiéndose perdonado
a D. Juan Manuel, se le reintegren todos sus bienes y por
tanto se le devuelva el lugar de Librilla.
La
importancia de la Villa se deduce de la fortificación
y reparaciones de su castillo y murallas que experimentó
durante muchos años. El escalonamiento de las fortalezas
hacia el Valle del Segura, Lorca, Aledo, Alhama, aconsejaba
custodiar todos los caminos que iban y venían a la
frontera granadinoalmeriense, por lo que los Fajardo, que
dominaban Alhama con su fuerte torreón vigía,
decidieron mantener y reforzar la acogedora Villa frente a
Carrascoy, cuya carretera cruzaba estratégicamente
el Valle hacia el camino de Cartagena.
Cuando
los Fajardo fundaron en Librilla su mayorazgo se citaba como
Villa, con orígenes a partir de 1458, lo que le da
notable antigüedad. En 1754 contaba 418 vecinos contribuyentes
(pecheros), siendo el total (con los exentos) de 490, lo que
supone en aquellas fechas unas cifras generosamente altas
para una Villa eminentemente agrícola. Se refuerzan
las defensas, especialmente las que se orientan al N y E (las
otras estaban garantizadas por la profunda rambla). Los Fajardo
levantan su casa solariega, construyen caballerizas (fundamentales
en el trasiego de jinetes y cambios de correos y postas) y
enlazan visualmente con la elevada torre del castillo de Alhama,
con la que mantenían un servicio de control, vigía
y defensa.
El Padre Ortega, durante su visita a la Villa (1729), reseña
que “el castillo es fuerte y formado por siete torreones,
de los que solamente queda uno entero”. También
apunta que muchas de las casas viejas se han levantado sobre
los cimientos del su recinto amurallado.
La casa residencia de los señores del lugar estuvo
habitada, hasta el primer tercio del siglo XVIII, por el duque
de Montalvo y Marqués de los Vélez.
La
Iglesia Parroquial de San Bartolomé, levantada sobre
la primitiva ermita, tiene la apertura de su libro de bodas
y bautizos con fecha de 1500, llegando hasta 1770. Las caballerizas
datan de la época de los Reyes Católicos, y
otro edificio singular, el del Marqués de Camachos,
con artística rejería en su fachada, data de
1598. En las inmediaciones de Librilla, en los cabezos que
limitan las ramblas próximas, se han localizado restos
de asentamientos argáricos y árabes, así
como balsas y aljibes que suministraban su caudal para el
ganado trashumante que durante varios siglos transitó
por aquellos parajes.

|